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La dislexia y la disgrafía forman parte del autismo, en especial si se trata de niños y adolescentes con esta condición.

Son trastornos del aprendizaje que se suman a las dificultades de comunicación, relación con su entorno e irritabilidad ante los cambios repentinos, señales típicas del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Dislexia y síntomas

La dislexia es un trastorno del aprendizaje que consiste en la dificultad para leer. Esto se debe a que a la persona le cuesta identificar los sonidos del habla y aprender a relacionarlos con las letras y las palabras (decodificación).

Suele conocerse, a su vez, como “discapacidad para la lectura”, y aparece como consecuencia de diferencias individuales en las áreas del cerebro que procesan el lenguaje.

Asimismo, es importante destacar que esta “discapacidad para la lectura” no es producto de problemas intelectuales, auditivos o de visión, sino que la causa es hereditaria.

Investigaciones apuntan a que está relacionado con ciertos genes que afectan la forma en que el cerebro procesa la lectura y el lenguaje.

Aunque la dislexia no tiene cura, la intervención temprana tanto en niños y adolescentes neurotípicos, como en quienes tienen autismo, arroja excelentes resultados.

¿Cómo suele presentarse la dislexia? Por lo general, estos son los signos:

Niños que aún no están en la escuela:

  • Tardan para comenzar a hablar.
  • Aprenden de manera lenta nuevas palabras.
  • Tienen problemas para formar palabras correctamente; por ejemplo, invierten los sonidos de las palabras o confunden palabras que suenan parecido.
  • Tienen problemas para recordar o nombrar letras, números y colores.
  • Tienen dificultades para aprender canciones infantiles o jugar juegos de rimas.

Una vez que ya están en la escuela, la dislexia puede notarse en:

  • Un nivel de lectura muy por debajo del que se espera para su edad.
  • Problemas para procesar y comprender lo que escucha.
  • Dificultad para encontrar la palabra correcta o elaborar una respuesta a una pregunta.
  • Problemas para recordar secuencias de cosas.
  • Dificultad para ver (y, ocasionalmente, escuchar) similitudes y diferencias entre letras y palabras.
  • Incapacidad para pronunciar una palabra desconocida.
  • Dificultad para eliminar.
  • Necesita mucho tiempo para completar las tareas que implican leer o escribir.
  • Evitar actividades que requieran leer.

Si de adolescentes y adultos disléxicos se trata, suele aparecer a través de:

  • Dificultad para leer, incluso en voz alta.
  • Lectura y escritura lentas y trabajosas.
  • Problemas de ortografía.
  • Evitar actividades que requieran leer.
  • Mala pronunciación de nombres o palabras, o dificultad para encontrar las palabras.

Estas son algunas de las señales que nos indican que estamos ante un caso de dislexia, que sin duda tiende a agravarse cuando se trata de personas con autismo.

Pues, además de las complejidades que presentan quienes tienen esta condición, afecta aún más su rendimiento académico y su autoestima. 

No obstante, esto tiene solución. Más adelante abordaremos algunas de las estrategias que se aplican en estos casos de dislexia y disgrafía en el autismo. 

Disgrafía y cómo se evidencia

En lo que respeta a la disgrafía, se trata de un trastorno de la escritura que afecta a muchos niños y adolescentes, incluso a quienes tienen autismo.

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La disgrafía implica, principalmente, la dificultad o incapacidad para componer textos, pero también problemas desde agarrar el lápiz hasta dolor de brazo.

Al igual que la dislexia, las causas de la disgrafía están relacionadas con la genética pero, a su vez, con factores neurológicos asociados a una deficiencia neuronal.

Así como a factores psicomotrices que no permiten la buena coordinación de los movimientos del brazo o mano. Entre los síntomas más frecuentes están:

  • Escribir con mala letra.
  • Escribir con lentitud.
  • Tener dificultades para escribir en una línea, sin torcerse o salirse de los márgenes.
  • Dificultad para dibujar o reproducir formas.
  • Problemas para realizar otras tareas con la mano, como atarse los cordones del zapato o trocear la comida.
  • Mezclar mayúsculas y minúsculas en la misma palabra.
  • No ordenar las palabras en una frase o párrafo.

¿Cómo podemos afrontar la dislexia y la disgrafía en el autismo? En el siguiente apartado, les daremos algunas de las estrategias que pueden ser utilizadas para ello.

Estrategias para tratar la dislexia y la disgrafía en niños y adolescentes con autismo

Como vimos en párrafos anteriores, la dislexia y disgrafía pueden empeorar el autismo en niños y adolescentes, por lo que es importante tratarse lo más pronto posible para así evitar mayores complicaciones a futuro.

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Es por ello que, a continuación, les describiremos algunas de las estrategias que pueden utilizarse para afrontar la dislexia y disgrafía en el autismo.

  • Es importante realizar una evaluación completa para identificar las necesidades específicas del niño o adolescente con TEA. La misma debe incluir un estudio de las habilidades cognitivas, lingüísticas, motoras y académicas.
  • Se pueden realizar adaptaciones curriculares para ayudar a los estudiantes con dislexia y disgrafía a tener éxito en la escuela. Por ejemplo: proporcione más tiempo para completar las tareas y promover el uso de recursos visuales.
  • Modificar las tareas o evaluaciones.
  • Enseñanza individualizada para que puedan aprender a su propio ritmo y superar sus dificultades de aprendizaje. Más si se trata de casos de autismo.
  • La terapia del habla y la terapia ocupacional pueden ser útiles para los estudiantes, pues contribuir a mejorar sus habilidades de lectura y escritura, así como a optimizar su motricidad y coordinación.
  • Los estudiantes con dislexia y disgrafía y además autismo pueden necesitar apoyo emocional para lidiar con la frustración que esto puede causar. Es importante que los estudiantes se sientan seguros y apoyados en su entorno escolar.
  • Pero además, es oportuno crear una sinergia entre el niño o adolescente con TEA, los profesores, cuidadores, profesionales de la salud y padres para desarrollar, en conjunto, un plan individualizado para afrontar estas dificultades extras que se le suman a su condición.

Otras estrategias que podrían incluirse para tratar la dislexia y la disgrafía en el autismo

Además de las recomendaciones ofrecidas en el apartado anterior, también les dejamos otras que pueden ser de utilidad para tratar la dislexia y la disgrafía en el autismo.

  • Simplifique las instrucciones y evite que estas sean múltiples.
  • Permitir que el estudiante tome los exámenes en un salón pequeño y silencioso.
  • Darle tiempo adicional al estudiante para que complete los exámenes y otras tareas en clase.
  • Revisar las instrucciones de los exámenes o tareas en el pizarrón.
  • Permitir que un estudiante que tenga problemas de procesamiento auditivo utilice tapones en los oídos, para bloquear el ruido de fondo. 
  • En el caso de alumnos disléxicos, disgráficos que tienen dificultades ortográficas y caligráficas, calificar tomando como base principalmente el contenido, en lugar de tomar en cuenta la ortografía y el orden. 

Es importante que estas estrategias y recomendaciones ofrecidas para afrontar la dislexia y disgrafía en el autismo, se apliquen considerando el tipo y grado de autismo que tengan.

Asimismo, es oportuno que los especialistas sigan y registren sus avances ante la dislexia y disgrafía de acuerdo a su autismo; para así evaluar si se continúa con las estrategias o es pertinente cambiarlas.

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